Villa Ilustrada

 

Vila Il·lustrada
Vila Il·lustrada

El nacimiento de una nueva Almacelles a finales del siglo XVIII

Fue a raíz de la Guerra de los Segadores, a mediados del siglo XVII, que la villa medieval de Almacelles y su territorio quedaron arrasados ​​y despoblados. Pasaron los años y aquel despoblado baldío y desierto pasó a manos de la corona, en un intento de aumentar el patrimonio real, por orden expresa del Consejo de Castilla.

Las cosas cambiaron durante la segunda mitad del siglo XVIII cuando el monarca Carlos III llegó al trono de España tras la muerte de su hermanastro Fernando VI. Tuvo que dejar el reino de Nápoles y Sicilia y se puso a trabajar al frente de una España que comenzaría, de forma lenta, a ver algo de luz.

Carlos III supo encajar en aquella España, y con su reformismo más bien moderado intentó ganarse a unos y otros, los más conservadores pero también a los más innovadores, los más tradicionalistas y los más progresistas, los de derechas y los de izquierdas, en definitiva supo trabajar teniendo siempre presente el cambio y la tradición.

Carlos III, monarca ilustrado por excelencia, y con una marcada influencia afrancesada gracias a su madre, decidió fomentar la modernidad del país, supo rodearse de los mejores políticos e impulsar medidas y reformas modernas y progresistas en aquellos malos tiempos que corrían.

La reforma agraria, que Carlos III llevó a cabo bien asesorado por sus ministros Aranda, Campomanes y Pablo de Olavide, pretendía disminuir los terrenos improductivos y este objetivo reformista generó en parte la venta de un conjunto de despoblados que habían sido adquiridos por sus antecesores en el trono. El despoblado de Almacelles al suroeste del territorio catalán era. La misma suerte corrieron otros despoblados en Sierra Morena donde se asientan 2.500 familias venidas del centro de Europa.

Después de que el despoblado había estado en manos de Bernardo de Gloria y Bosque durante unos años, el 3 de junio de 1773 Carlos III firmó la concesión de la plena propiedad del término despoblado de Almacelles a favor del señor Melcior de Guàrdia Matas. Aquet buen hombre al igual que Bernardo de Gloria, era un burgués acomodado de Barcelona y miembro activo de la Junta de Comercio creada unos años antes para velar por la buena marcha de las industrias textiles y del comercio catalanes.

trato por voluntad real fue que el comprador tenía que hacer en ese lugar una villa nueva. Una vez hecho efectivo el trato de compra -venta, el 21 de marzo de 1774 Melcior de Guàrdia recibía el privilegio de noble con el título de señor de Almacelles.

Todo aquello le costó la cantidad de 107.363 libras, 11 sueldos y 8 dineros por el pago de Capitales y pensiones de los censos ; 33.558 libras y 11 sueldos de Capitales, y los censos y otras pensiones que no se habían pagado hasta entonces que ascendían a 73.805 libras y 8 dinero. Era tan grande la cifra que tuvieron que avalarlo su tío y su suegro.

Aquellos acuerdos solamente eran el embrión del gran proyecto del que ya se hablaba en todas partes: la construcción y repoblación del despoblado de Almacelles. Era necesario poner manos a la obra y ponerse a trabajar duro para buscar el mejor maestro de obras que proyectara la nueva villa. No era fácil pero en Melcior de Guàrdia sabía a quién proponer ese gran proyecto, solo una persona podía hacer realidad ese gran sueño. Sin dudarlo se puso en contacto con Josep Mas Dordal Vic de nacimiento y afincado en la ciudad condal, era uno de los más grandes maestros de obras de la Barcelona del setecientos. Las referencias no podían ser mejores y su obra era reconocida. Obras como la Basílica de la Merced, o el Palau Moja ambas en Barcelona eran su mejor aval.

Todo parece indicar que cuando Melcior de Guàrdia propuso al maestro de obras el nuevo proyecto, este no dudó del gran reto que se le presentaba y se puso a trabajar de inmediato. Josep Mas Dordal conocía bien cuáles eran las corrientes artísticas del momento, qué arquitectura se estaba haciendo en Europa y cuáles eran los nuevos conceptos y modelos artísticos que se aplicaban en los nuevos proyectos urbanísticos y arquitectónicos. Era conocedor del retorno a los modelos clásicos que supuso el desarrollo de un nuevo estilo : el neoclasicismo.

Europa estaba viviendo un gran momento que marcaría un antes y un después en nuestra historia. Inmersos en la segunda mitad del siglo XVIII, la Ilustración y sus influencias se extendían poco a poco. El preludio de una nueva era y de la crisis del Antiguo Régimen se hacía evidente a medida que Europa se acercaba el siglo XIX.

Con estos conceptos asumidos y con una mente privilegiada, Josep Mas Dordal se puso a trabajar. Proyectó una villa nueva con un modelo urbanístico que no estaba muy extendido en el país. Este modelo era la retícula ortogonal donde la disposición de calles y casas guardaba una brillante simetría y ordenación, vistas en contadas ocasiones. El conjunto lo formaban diez manzanas. Dos grupos de cuatro y en el centro la iglesia consagrada a la Virgen de la Merced y el palacio del señor, uno cada lado. Evidentemente el simbolismo era fuerte, el poder señorial y el poder eclesiástico se encontraban en el centro. Era un modelo que intentaba acariciar la perfección y la igualdad. Un modelo que no daba lugar a espacios y barrios marginados. El lugar exacto en el que alinear el nuevo núcleo fue el tramo de lo que entonces se conocía como camino real, un lugar estratégico entre las laderas de las colinas más cercanos y de las elevaciones de las sierras del Olivar, de Les Covetes y Els Pedregals. El 24 de septiembre de 1773 se puso la primera piedra y un año y medio más tarde las primeras 20 casas ya estaban construidas

Las casas proyectadas por el gran maestro ya petición del señor de Almacelles, serían de gran tamaño y bien acabadas pues algunas de ellas serían posteriormente adquiridas por familias acomodadas de la ciudad condal. Entre los compradores de las casas de la calle de la Merced donde estaban las mayores figuraba Jacint Clavell Albareda, Ignasi de Guàrdia, Francesc Aspar, Joan Codina y el mismo Josep Mas Dordal.

Eran majestuosas casas que iban de calle a calle, con una gran entrada a la calle principal y la parte trasera era destinada a los establos. En la planta subterránea había buenas silos para almacenar alimentos, cereales y el aguardiente y la buhardilla se guardaba el aceite, los frutos secos y herramientas de valor. La primera planta era la destinada a las estancias familiares. Grandes salones, comedor y habitaciones y otras dependencias que seguro que con el gusto exquisito de sus propietarios hacían las casas de lo más acogedoras.

Todas las casas eran iguales por dentro y por fuera. Las fachadas principales eran un modelo a seguir por el riguroso trabajo realizado. Puertas y ventanas dispuestas de forma perfectamente simétrica, equilibrio perfecto en los conceptos vacío y lleno, arcos escarssers y dinteles rectos, enmarcados en piedra del país que ennoblecía la fachada, forja bien trabajada, frisos y cornisas que claramente evocaban los modelos clásicos... todo un claro ejemplo del neoclasicismo que estaba en vigor y que marcaba las tendencias artísticas del momento y que por supuesto Josep Mas Dordal conocía perfectamente.

Aquellas casas pero, en manos de grandes señores, serían durante el año ocupadas por colonos encargados de trabajar las tierras. Se produjo un proceso de colonización de familias venidas de todo que buscaban nuevas oportunidades y un futuro para sus hijos. Sin embargo aquellas tierras de secano y poco productivas daban un fruto pequeño y escaso y parecía que los años de bonanza aún no llegaban. En más de una ocasión aquella gente acudirían a la iglesia de la Mercè a pedir a su patrona que en los años venideros fueran mejores. Así mismo tendrían que esperar hasta el 1910 para ver como llegaba el agua y por tanto la riqueza.